Mi relación con la religión como expatriada: historia I

Hay un aspecto en el que nunca imaginé que me vería influenciada por el hecho de ser una expatriada/inmigrante: mi concepción sobre la religión. Llevo días con ganas de escribir al respecto, pero no tenía claro como enfocar el tema para trasmitir lo que quería. Mi idea inicial era explicar como han cambiado mis valores, que no mis creencias. Pero esa idea no me acababa de gustar, no al menos sin explicar cómo había llegado a ese punto. Dándole vueltas he llegado a la conclusión que la mejor manera de hacerlo es a través de las historias que me han influenciado, que han marcado un antes y un después. No son muchas, pero son importantes para mí, son pequeños tesoros que las personas me han ido regalando en mi camino. Os explicaré las historias por partes para darle a cada una el espacio que le toca. 
 
Os adelanto que todas, desde mi modo de ver, son historias positivas que he podido escuchar gracias al hecho de haber vivido fuera. No porque no haya cosas que aprender en el país de origen de uno, pero siempre hay cierta tendencia a la hegemonía y acomodación a la rutina que hacen que la mente no esté tan abierta como cuando te expones a nuevas vivencias y tienes que estar alerta.
 
También podría contar experiencias negativas, aunque sinceramente son muy pocas. Pero esas no las voy a explicar, porque esas no son las que quiero que guíen mi vida, no quiero darles el poder de influirme o definir el mundo en el que creo. Así que sí, hay un claro sesgo positivo.
 

Historia I

 
Mi relación con la religión como expatriada
 
Esta es la historia de una mujer española viviendo en Londres. La fui conociendo poco a poco y así es como conocí su historia, por partes. Primero supe que su marido era musulmán y de un país asiático. Después que su hija también era musulmana. Entonces llegó el Ramadán y ella me dijo que lo estaba haciendo. A mí me sorprendió, pero le dije que me parecía bonito que lo hiciera para acompañar a su marido. 
 
Poco después en una conversación de autobús le pregunté que si se había convertido y me dijo que sí. A partir de ese día fueran bastantes las conversaciones sobre el tema, sin llegar a convertirse en el principal motivo, halábamos de muchas otras cosas.
 
Así supe que su vida no había cambiado mucho desde que se había convertido, seguía trabajando, celebrando la navidad en España con su familia de origen y el Ramadán y Eid con su familia nuclear y política, no lleva pañuelo en la cabeza, de hecho ninguna mujer de la familia de su marido lo llevaba. Ella consideraba que el mayor cambio era que ahora ya no comía cerdo. También me explicaba que antes de iniciar una relación con su marido habían sido amigos de la misma pandilla y que el éxito de su relación es que siempre habían tenido mucho respeto por el uno por el otro.
 
Me explicaba con orgullo que su marido a pesar de no beber alcohol nunca, cuando iba a España se iba a tomar una cerveza con sus familiares para ayudar a crear un vínculo, ya sabemos que en España las cañas son básicas para relacionarse. O que muchas de las cosas que ella le explicaba a su madre de sus viajes al país de su marido antes también se daban es su pueblo.
 
Un día le pregunté como se había tomado su madre el hecho de que ella se convirtiera. Fue en una conversación cercana donde intuí que podía hacer la pregunta sin ofenderla. "A mi madre no le gustó, pero me dijo que era mi vida y que era yo la que tenía que decidir, que a ella lo único que le importaba era que yo fuera feliz, y que ella me veía feliz y sabía que mi marido era una buena persona". Me quedé absolutamente fascinada por esa madre mayor de un pueblo de la España profunda que nunca ha vivido fuera de su país y sin embargo muestra una abertura de ideas que ya quisieran muchos.
 
En otra ocasión me explicó que alguien de su familia política le había preguntado con quien se iba a casar su hija cuando fuese mayor y ella que tiene las ideas muy claras le contestó: "se casará con quien ella quiera, como su madre y su padre que se han casado con quien han querido".
 
Una anécdota que me pareció muy divertida es que al principio cuando iban de vacaciones a España su madre escondía todo el embutido de cerdo que tenía por la casa hasta que su hija divertida le dijo que no hacía falta, que con no añadirlo a la comida de ellos había suficiente.  
 
La protagonista de esta historia es española y musulmana. Esta mujer con su historia y la de las mujeres de su familia me ha demostrado que hay algo muy poderoso que se transmite de generación en generación  que no tiene nada que ver con la religión: el amor basado en el respeto y la confianza en la capacidad del ser querido para gestionar su propia vida.
 

Comentarios

  1. Ya hace rato que vengo a tu blog pero no había comentado. Me gusto este post y me gustaría saber como .llevas el tema de la religión en donde vives. Saludos

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    1. Muchas gracias por comentar. Lo llevo bien. Intento ser respetuosa y evito hablar de religión.

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