La maternidad como expatriada

Así como lo pienso nos ha invitado a varias mamás que vivimos fuera a participar en un post colaborativo para explicar nuestra experiencia en la crianza lejos de casa. Me encanta la idea así que aquí va mi post, que llega un poco tarde como siempre. Gracias Lai por invitarme.

 

Lo más difícil de vivir lejos

 
Hay dos cosas  especialmente duras de vivir lejos. La primera es el período de adaptación, desde luego es la peor época para mí, la llegada a un país nuevo donde desconoces las normas sociales, la comida, como moverte, incluso cosas sencillas como ir a comprar se vuelven una odisea, no entiendes las etiquetas de la comida, no sabes dónde está lo que buscas y tienes que dar tres vueltas a la tienda hasta que lo encuentras y aún así no estás segura si es eso, llevar a tus hijos al médico en otro idioma... La adaptación no deja de ser un proceso de duelo en el que lloras por la vida perdida rodeada de todo un mundo desconocido, no tienes nada en lo que sostenerte, no está tu familia, no están tus amigos, el bar de la esquina, tu trabajo... y miras a tus pequeños y no sabes como vas a protegerlos a partir de ahora. Lloras hasta por esas costumbres que tus hijos no aprenderán, porque te sientes sola, atrapada... Hay un enorme vacio en tu interior, no sólo han desaparecido tus amigos, de alguna manera tu también has desaparecido, porque sientes una vulnerabilidad en ti que antes desconocías.
 
Pero por suerte poco a poco empiezas a respirar. Empiezas a sentirte en casa, te conoces los autobuses, el orden del supermercado y cual es la salsa de tomate que más se parece a la española, sabes donde está el médico, los vecinos te empiezan a saludar. Y vuelves a sonreir con placer.
 
Y aquí es cuando aparece el segundo aspecto más difícil de la inmigración: nunca dejas de añorar a tu familia, a tus amigos y a tu ciudad. Ya sabes que puedes vivir sin ellos, pero odias que tus hijos esten lejos de su abuela, que se lleven una llorera con cada despedida, que pasen cosas en la vida de tus amigos y tu no estés allí a su lado acompañándolos, que no puedas acompañar a tu madre al médico, que la ciudad cambie y cuando vuelves te sientas un poco extranjera. Tu corazón ha quedado dividido en dos, algunas veces de manera temporal y otras para siempre.
 

Lo mejor de vivir lejos

 
Si consigues pasar la línea de todo lo que la inmigración te quita y puedes ver todo lo que te da, te das cuenta que es una de las experiencias más enriquecedoras de la vida, porque es un proceso de auto-reconocimiento, te toca reinventarte, tirar de recursos que tenías escondidos e inventarte otros, desechar viejas ideas, hábitos, costumbres.  Aprender a convivir con gente de otras culturas, experimentar con la comida, tener a mano ingredientes difíciles de conseguir en tu país, conocer a gente maravillosa que no habrías conocido si no hubieras salido de tu país. Ver el mundo desde otra perspectiva. La libertad, cuando no hay nadie que te conozca nadie espera nada de ti y puedes hacer lo que quieras.

Y como mamá lo mejor es que mis hijos van a  aprender inglés como nativos y eso es uno de los mejores regalos que les podemos dar en la vida junto con la posibilidad de crecer en un entorno intercultural donde las diferencias son la normalidad, para ellos es tan normal que una mamá lleve un pañuelo en la cabeza como que no, o que sus compañeros hablen portugués, o griego, o árabe, o francés... pero que se comuniquen entre ellos en inglés, o que los papás/mamás de sus amigos sean de diferentes partes del mundo, o que haya niños que son vegetarianos, o que tienen alergias, o que no comen cerdo, o que haya familias donde un hermano es de una etnia y el otro de otra o con diferentes religiones... todas estas diferencias con las que en España a veces nos ahogamos en un vaso de agua, aquí son algo común y no son motivo de preocupación, simplemente son.
 

Lo mejor de la ciudad donde vives

 
Uff es que Londres es impresionante es una ciudad preciosa, multicultural, en constante movimiento, llena de posibilidades, donde puedes hacer lo que quieras (menos ir a la playa, jijij).
 
Me encantan los museos, las galerías, los parques, las calles, las casas, las ardillas, la cantidad de espectáculos y festivales que hay.
 
Me encanta la gente, me fascina entablar conversación son alguien de Somalia, Arabia Saudita, Italia, España, Grecia, Irán, Filipinas, Marruecos, Sudán, Brasil...
 
Me chifla ir al súper de la esquina y poder comprar una yuca, chorizo, algas para el sushi, lassi, milo, lentejas dahl... (y yo que lloraba cuando iba al súper porque no entendía nada ni encontraba nada).
 

Lo peor o lo más difícil de vivir en esa ciudad

 
Desde luego las distancias, todo está tan lejos que a pesar de tener un servicio de transporte público muy bueno desplazarse es fatigoso porque hay mucho tráfico y los vagosnes/autobusos siempre están abarrotados.
 
Lo cara que es y las implicaciones que tiene: mucho clasismo, pisos pequeños,  restaurantes intocables a no ser que sean cadenas, todas esas obras de teatro y musicales tan apetecibles son un poco intocables para una familia.
 
La gran competitividad que se respira en la ciudad y que está presente desde la escuela.
 
 

Lo que más echas de menos de la ciudad donde naciste

 
Bueno nacer no nací en Barcelona, pero es la ciudad de mi corazón, uno de los amores de mi vida. Echo de menos la playa, Collserola, las terracitas, el sol, la comida, la gente, todo. Barcelona es una ciudad pequeña, pero que tiene de todo, para mí es perfecta.
 
 

Una anécdota

 
En realidad esta anécdota se dio en Barcelona. Creo que ya había comentado en algún post que aquí casi todas las casas tienen moqueta, así que lo normal es quitarse los zapatos al llegar a casa de alguien. Las pasadas navidades mi prima nos invitó a cenar a su casa en España. Y cuando llegamos al piso lo primero que hicieron mis hijos fue quitarse los zapatos (ellos saben que en casa de la iaia no hace falta pero no han generalizado ese conocimiento a todas las casa españolas)  ante el asombro de mi madre y mi tía que metieron un grito horrorizadas "¿Qué hacéis? Que hace mucho frío" y esa cara de mis peques de no entendemos que es lo que pasa aquí ¿no nos podemos quitar los zapatos, really? Jajaj y yo miraba la escena desde fuera que por unos segundos se quedó congelada con los cuatro con caras de asombro: mis hijos con los zapatos en las manos y mi madre y mi tía con las manos en la cabeza. Hasta que intervine y les expliqué a los peques que no hacía falta que se los quitaran porque no había moqueta y a mi tía que en UK era costumbre quitárselos por la moqueta. Todos respiraron y cada uno se fue a lo suyo.

Comentarios

  1. Qué genial tu post! ME encanta leer lo que vais escribiendo. Suscibo todo lo que es "peor" de vivir lejos, aunque a mi me pasó en dos tandas...cuando llegue y cuando nacieron mis hijas. Lo mejor tambien estoy de acuerdo, aunque santiago no sea como londres.
    Barcelona es perfecta...toda la razon jiji ;)
    la anecdota me ha hecho reir jajaja, es genial!
    Gracias por unirte!!! Besos!

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  2. Me ha gustado tu visión general de la entrada. Es difícil cambiar de país -yo sólo lo he hecho en ocasiones pero períodos cortos que no han superado los dos meses-. Yo lo que más echaba de menos eran las persianas, jolines! Y aún ahora cuando voy a paises fuera de europa me sigue pasando. Así que un imprescindible de mi maleta es el antifaz, jajajaja.

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  3. Qué dura la adaptación... Siempre piensas que los que vivís fuera añoráis a vuestras familias y amigos, pero no me había planteado cómo cosas tan cotidianas como hacer la compra o ir al médico podían volverse tan complicadas... Por suerte vivir fuera tiene un montón de experiencias positivas que nos estáis contando con esta tanda de posts. Besos!

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  4. Vivo como tu en Londres, y me ha gustado el detalle de quirarse los zapatos al llegar a casa. Mis hijos también lo han tomado por costumbre y en España choca y se empeñan en que cambien la costumbre.

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  5. Me ha parecido una entrada con una sensibilidad exquisita y con muchas cosas con las que me identifico. Como tú Barcelona es mi ciudad, pero tras dos años en Trondheim, a veces me siento como un ser extraño entre dos ciudades. Y hay épocas que tengo sentimientos contradictorios, melancolía y tristeza, aunque ya me sienta adaptada a Noruega. Como positivo me ha permitido descubrir cosas de mí que nunca hubiera imaginado que sería capaz de hacer. El tema de reinventarse ha sido sin duda la clave de todo. Ayer tras dos años aquí conseguí cambiar por teléfono dos horas en el médico en noruego, y me sentí como si fuera una super heroína. Un abrazo.

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  6. Vaya!,no había leído tan interesante análisis y te doy la razón en todo. No es fácil para muchos y es muy duro para otros, pero para mí ha sido un ejemplo mis abuelos emigrantes: capacidad de adaptación en momentos duros de verdad sin medios ningunos . Así que no tengo derecho a quejarme. ¡Mente abierta y adaptación al máximo!
    Te he premiado en mi blog!!
    Un abrazo

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